El modo de trabajo y de incentivación más antiguo es el modo de trabajo a destajo, con el cual los ingresos de los trabajadores dependen de los resultados de su trabajo, ya que se paga una tarifa por cada pieza o unidades que se produce.
Para ello, se requiere una valoración del puesto que permita asignar una tarifa salarial por hora teniendo en cuenta que lo principal es planificar el pago que se realiza por pieza. Por eso, se asigna un sueldo en función del número total de minutos por unidad o número promedio de unidades realizadas por hora.
Las ventajas de este tipo de trabajo es que los sueldos son fáciles de calcular y entender, y se paga según el desempeño, según las piezas que se realizan. Si un trabajador rinde mucho puede llegar a ganar más dinero.
Sin embargo, tiene mala fama ya que consideran que muchas empresas pueden tender a elevar los criterios de producción si consideran que los trabajadores cobran salarios elevados para ellas, de manera que si los obreros tienen más productividad se puede reducir el salario para no pagarles a mayores. Por otro lado, puede ser un sistema que puede tender a agotar al trabajador, además de producir indiferencias entre los que pueden producir más o menos en el mismo tiempo. Según este tipo de salario no importa el tiempo que se invierta en la realización de una unidad de obra, lo importante es lo que se produce.
A la empresa le importa más la cantidad de producción, además de su calidad, que otros aspectos, ya que lo único que quieren es el trabajo realizado. Si un trabajador no rinde lo suficiente, puede pasar que cobre menos o que al final acabe siendo sustituido por uno que rinda más, porque verá que no alcanza la capacidad económica de otras personas que trabajan en la empresa.
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